lunes, 20 de septiembre de 2010

FRANCIS DRAKE, LICENCIA PARA MATAR ESPAÑOLES

Drake nació en Tavistock, Inglaterra, en 1540. Desde muy joven sintió la llamada del mar y con apenas 13 años se enroló por primera vez como grumete para aprender las artes marineras. Su ascenso fue meteórico y antes de cumplir los 30, en 1567, ya se encontraba al frente de su propia tripulación. Con ella y con su nave, la Judith, participó, formando parte de una escuadra capitaneada por su pariente John Hawkins, en un viaje rumbo al golfo de México que tenía como objetivo principal traficar con esclavos. Dichos intereses fueron frustrados por un grupo de buques de guerra españoles que, en un corto pero letal enfrentamiento, mandaron a pique dos de los barcos ingleses. Aquel día nació la repulsa de Drake por los españoles; un odio que no le iba a abandonar durante el resto de su vida.

Así, en 1572 saqueó, con sólo dos barcos, todas las dársenas españolas del mar Caribe, avistó el océano Pacífico, hizo que la bandera inglesa ondeara en el puerto de Nombre de Dios, destruyó la ciudad de Portobelo, y, por si fuera poco, volvió a casa cargado de oro, plata y piedras preciosas españolas. No es de extrañar que en Inglaterra los suyos le recibieran como un héroe y que la propia reina Isabel I le concediera una patente de corso, es decir, le nombrara pirata oficial del reino con licencia para abordar, saquear y matar a cuantos españoles quisiera. Además, la soberana también le encomendó la tarea de sofocar la rebelión que en aquellos momentos estaba sucediendo en Irlanda.

Tras cuatro años ocupado en esta empresa, la reina le envió en secreto a las costas del Pacífico. Drake tenía dos misiones: por un lado, espiar a los españoles y, por otro, destruir la práctica totalidad de sus colonias, asentadas en aquellas latitudes. El 13 de diciembre de 1577, zarpó del puerto británico de Plymouth, al mando de cinco galeones y un total de 166 hombres. El viaje, que de por sí era largo, casi duró el doble y estuvo a punto de irse al garete por culpa de las inclemencias del tiempo. Así, después de cruzar el océano Atlántico, tuvo que abandonar dos de sus naves en el estuario del Río de la Plata, en América del sur. En el mes de agosto de 1578 se adentró en el estrecho de Magallanes, en el extremo meridional de continente americano. Dieciséis días después, ya navegando por el océano Pacífico, una serie de violentas tormentas, que se prolongaron durante más de 50 días, destruyeron una de las naves y, para colmo, otra desertó y volvió a Inglaterra. Drake se encontraba solo, acompañado únicamente por la pequeña tripulación del Golden Hind, el que otrora fuera buque insignia de la expedición.

Estos acontecimientos no afectaron a la moral de corsario y decidión seguir adelante. Su desventaja numérica, que remitía a sus primeros tiempos como pirata, no fue inconveniente alguno y consiguió saquear un buen número de puertos españoles, capturar buques enemigos y, lo que era más importante, hacerse con cartas de navegación precisas. Sin embargo, éstas no le fueron de mucha ayuda y se vio obligado a continuar su travesía hacia el norte, llegando a la actual frontera de Estados Unidos con Canadá. Drake buscaba un paso hacia el este y, al no encontrarlo, tuvo que dar media vuelta. Pero el Golden Hind, abatido por las inclemencias, los enfrentamientos y la extensa duración del viaje, necesitaba unas reparaciones urgentes. De este modo, el bucanero se detuvo al norte de lo que hoy se conoce como la "Bahía de Drake", en San Francisco, para llevar a cabo los arreglos. Además, aprovechó la ocasión para tomar posesión del territorio en nombre de Inglaterra.

Drake permaneció en aquel lugar, al que llamó "Nueva Albión", en recuerdo de su amada patria, hasta el 23 de julio de 1579, día en el que zarpó de nuevo. Su rumbo no había variado un ápice del original y siguió en dirección oeste, hasta llegar al archipiélago de las Molucas, a las islas Célebes y a Java, en Indonesia. Recién estrenado el año siguiente, bordeó el cabo de Buena Esperanza por el extremo meridional de Africa y finalmente llegó a Inglaterra en septiembre de 1580. Había cumplido con el encargo de la reina, y de paso, circunnavegado el globo terráqueo. Como recompensa, la soberana le concedió el título de Sir, marcando con este sentido homenaje el comienzo de una fructífera carrera política -llegó a ser alcalde de Plymouth y miembro del Parlamento- que no le apartó del mar.

En 1585 levó anclas de nuevo al frente de una gran flota, rumbo a las Indias occidentales. El propósito de este viaje no le resultaba nuevo, pues Isabel I le volvió a encomendar la misión de invadir y destruir cuantas colonias españolas pudiera. Dos años más tarde, la reina le reclamó de nuevo. La guerra con España era inminente. Felipe II estaba reuniendo en Cádiz una poderosa armada capaz de poner en peligro la corona británica. Era necesario que Drake destruyera dicha flota y así lo hizo. La hazaña le valió el puesto de vicealmirante, cargo con el que cosechó éxitos y fracasos. En 1589 derrotó a la Armada Invencible, pero su intento de aniquilar los restos de ésta falló y se vio obligado a volver a sus labores como político. En 1595 la reina confió por última vez en él y le envió de nuevo contra los destacamentos españoles en el continente americano, pero volvió a fracasar.

Al año siguiente Drake murió. Uno de los héroes más famosos de Inglaterra abandonaba este mundo por la puerta de atrás a causa de la disentería.

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